Churras con merinas

Cada vez hay más gente en este bendito país emperrado en hacer precisamente eso, mezclar y confundir cosas que no tienen nada que ver.

Para muestra un botón. Este próximo domingo se juega el no-sé-cuantosavo “clásico” en lo que va de siglo. Y ya sabemos lo que eso conlleva: horas y horas de tertulias televisivas y radiofónicas sobre lo bien que está Messi y lo triste que está Cristiano, que si Iker las para todas, que si Iniesta vale un potosí… Hasta ahí, a pesar del hartazgo que todo ello me genera, todo normal. Pero, amigos, de repente alguien tiene la brillante idea de enfocar el clásico como un  escenario de combate más del órdago nacionalista que Artus Mas y cía han lanzado durante las últimas semanas.

“Trae la estelada al Camp Nou” es el eslogan utilizado para llenar el campo del Barça de banderas independentistas, reivindicando con ello un Estado catalán desgajado de España y tratando de hacer un zas-en-toda-la-boca a todos aquellos que no comulgan con la idea.

Cada uno tiene unos ideales y hay que respetarlos, de eso no hay duda, pero, ¿por qué narices tratar de convertir un evento deportivo en algo más? ¿Por qué tratar de vincular a toda costa a un equipo de fútbol con un determinado ideario cuando ese equipo tiene muchísimos seguidores que podrían sentirse disgustados por él? ¿Por qué tratar de convertir al Barça en adalid del independentismo catalán cuando tantos de sus jugadores han hecho todo y más por conseguir triunfos colectivos para toda España?

Y luego están los que se posicionan justo en el bando contrario, que ven catalanismo por todos lados, criticando todo lo que se hace desde Cataluña y tratando de covertir en enemigos a quienes no tienen por qué serlo.

No sé si las personas que fomentan esto son muchas o cuatro gatos, eso me da igual. Simplemente es que nunca entendí a los que mezclan churras con merinas.

Musicoterapia

Musicoterapia“: Dícese del proceso que se vale del uso de la música y sus elementos (sonido, ritmo, melodía y armonía) para generar un efecto curativo, no sólo a nivel físico sino también a nivel mental, de individuos o grupos de individuos, facilitando y promoviendo el aprendizaje, el movimiento, la expresión, la comunicación y las relaciones entre ellos, con el fin satisfacer sus necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas, desarrollando potenciales y restaurando funciones del individuo de manera que éste pueda lograr una mejor integración intra o interpersonal y consecuentemente una mejor calidad de vida.

En épocas tan oscuras como las que nos está tocando vivir, rodeados de sombras e incertidumbre, con la sensación de que todo puede venirse abajo en cualquier momento, viendo y escuchando cosas que no cabían en nuestra imaginación, cada uno se aferra a lo que puede para mantenerse a flote, remar en la dirección correcta y seguir adelante con la cabeza alta.

Cuando nos quedamos solos con nuestros pensamientos, esos capaces de subirnos a lo más alto o empotrarnos contra el suelo, necesitamos algo con lo que mantener la mente ocupada y el corazón en marcha. Hay tantas posibilidades como personas, pues cada uno recurre a aquello que su interior más anhela y con lo que se siente más reconfortado. En mi caso creo que lo que mejor funciona es la música.

No nací con dotes para el canto. No toco ningún instrumento. Ni siquiera sabría leer una partitura básica. Pero aún así, cuando necesito que ciertas voces se acallen o que otras hablen más alto, lo mejor que puedo hacer es poner un disco, cerrar los ojos y dejarme llevar. Y una de mis mejores terapias es esta.

¿Por qué? No sabría decirlo. Pero, parafraseando a Gandalf en el último trailer de “El Hobbit”: puede que tenga miedo y que me infunda valor.